El piano se cuece a fuego lento
- Raquel García
- hace 1 día
- 5 min de lectura
El estudio del piano y la frustración pueden ir de la mano.
Cuando tomamos la decisión de empezar a estudiar piano, es muy probable que tengamos varios objetivos en mente. Piezas con las que soñamos, un nivel específico, o incluso experiencias: tocar para la familia, acceder al conservatorio, etc.
Luego nos encontramos con la realidad del estudio. Vemos la disciplina y constancia que requiere, la necesidad de tener la guía de un profesor y cómo, a partir de cierto nivel de dificultad, tenemos además que saber cómo estudiar y empezar a coleccionar herramientas para nuestra práctica.
Pensamos que la manera de estudiar mejor es añadir horas, pero tarde o temprano eso no funciona. Entonces llegan épocas en las que parece que el progreso se estanca, y corremos el peligro de tirar la toalla.
Pero, lo único que nos falta, es información y comprensión del proceso de estudio, que no es lineal, sino que tiene épocas de progreso más rápido, momentos "¡ahá!", y épocas en las que parece que no funciona tan bien, muchas veces dependiendo del proceso que esté haciendo el cerebro en ese momento y/o de nuestras circunstancias de vida. Y esto no siempre lo podemos controlar.
La verdadera recompensa
Lo esencial es no pelear. No ejercer presión y resistencia sobre el proceso. Como he comentado, a veces no entendemos realmente lo que está pasando en nuestra mente. Puede que tengamos una época en la que no nos acabamos de concentrar por problemas familiares, porque es verano y hace calor, porque tenemos mucho trabajo, o porque estamos empezando un negocio, como ha sido mi caso... y no podemos pedirle más a la mente. Esos son los momentos para seguir trabajando a pico y pala, pero sin exigirnos demasiado. Despacio y con constancia.
También son los momentos ideales para aprender a buscar las verdaderas recompensas: la satisfacción de llevar a cabo un buen estudio, de pasar una tarde centrado en memorizar de verdad, de conseguir estudiar despacio y con conciencia y ver los resultados que eso nos regala al día siguiente.
Las grandes recompensas llegan con el tiempo y a veces hay que esperarlas con paciencia, pero llegan. No podemos prever exactamente cuándo, solo estar seguros de que, si seguimos adelante, en algún momento nos daremos cuenta de que por fin, hemos superado cierta barrera y ya estamos al otro lado.
Nos convertimos en artesanos del piano, disfrutando del proceso de crear una obra de arte a la que daremos luz en unos meses y que, por la disciplina que nos ocupa, puede ser efímera. Lo que no lo es, es nuestro trabajo diario y la satisfacción que nos aporte.
Por qué abandonamos antes de tiempo
Se abandona antes de tiempo cuando no se ven resultados, cuando comparamos constantemente nuestro nivel actual con nuestro nivel soñado (que siempre irá subiendo, ¡te lo advierto!), no tenemos el tiempo suficiente para estudiar bien, tocamos obras que resultan demasiado difíciles demasiado a menudo, nos cansamos de repetir y repetir, perdemos de vista el por qué empezamos...
No basta con querer el resultado. Hay que desear también, al menos en cierta medida, el proceso que lleva hasta él.
Si quieres tocar el piano, pero no te gusta lo suficiente como para sentarte frente a él con constancia y disciplina, quizá el piano clásico no sea para ti.
Esto no tiene por qué ser negativo. Para algunos, puede resultar en una sensación de alivio. Se puede dejar el ballet clásico para ir a bailar country los viernes por la tarde, y se puede cambiar el piano clásico por otro estilo y centrarse en relajarse. Pero me aseguraría, en estos casos, de no abandonar algo que realmente nos gusta por no ver recompensas más rápidas de lo que son en realidad. Por falta de paciencia o confianza en uno mismo.
El problema de las recompensas inmediatas
Este verano decidí instalarme un juego en el móvil para jugar por la noche. Lo desinstalé a los 4 días solicitando que eliminaran mi cuenta por ser "altamente adictivo". Las recompensas eran muchas y muy rápidas y, además, diría que debido a un buen diseño, los números de ellas eran muy grandes: millones de recursos, millones de soldados. Y eso me alejaba de buscar recompensas reales que se cuecen a fuego lento.
Estamos acostumbrados a recibir recompensas constantemente desde las redes sociales, la televisión, los videojuegos... a veces ya no podemos ni mantener la atención en vídeos de dos minutos.
Si alguien quiere tocar Bach y trabaja de forma constante, pasando un año con pequeños preludios, un año con invenciones, un año con sinfonías y después dos años con preludios y fugas, al cabo de 5 años tocará Bach de una manera muy decente, será un buen conocedor del compositor, y habrá recorrido un camino muy interesante que le reportará satisfacción.
El piano funciona así. Estudias hoy porque dentro de unos meses tocarás mejor esos trinos, porque dentro de un año tendrás otro repertorio, porque dentro de cinco años tu manera de tocar será otra. Pero también, porque te diviertes más a menudo de lo que te frustras, si eres capaz de regresar a la antigua forma de vivir.
No todo lo que hacemos tiene que recompensarnos inmediatamente
La antigua forma de vivir es aquella en la que construíamos y teníamos resultados físicos, fueran escritos, pinturas, entrenamiento en un gimnasio, pintar miniaturas, o construirlas... en mi caso, tuve el privilegio de vivir así varios años porque me educaron sin televisión. Podía pasar días leyendo una novela, escribiendo otra, incluso meses creando una manualidad.
Actualmente intento regresar a esa manera de vivir para tener ese contraste entre un negocio online y el día a día más allá de la pantalla. Si decido pintar una acuarela, por ejemplo, busco fotos que quiera copiar, las dibujo a lápiz un par de veces, pruebo esbozos en papel barato y, en algún momento, decido sacar el papel bueno y las acuarelas buenas para crear esa acuarela, que luego seguirá conmigo durante muchos años. Esa es una mayor recompensa, no solamente por tenerla físicamente (lo cual podría ser equivalente a una grabación al piano), sino porque ese aprendizaje me lo llevo conmigo a mis experiencias futuras, y eso no funciona así con las actividades que dan recompensas inmediatas.
Volver al piano
El progreso con el piano puede ser lento cuando lo miramos de cerca y sorprendentemente grande cuando miramos hacia atrás.
Por eso:
hay que tener claro que queremos hacerlo;
poner dedicación;
encontrar buenas herramientas;
aceptar que algunas cosas tardarán su tiempo;
y, sobre todo, no abandonar justo antes de que podamos empezar a ver lo que hemos construido.
Quizá también sea importante recordar por qué empezamos, ya que es fácil perder ese momento de vista. Muchas veces, la decisión inicial provenía de ilusión, amor por la música y una curiosidad infantil, en el mejor sentido de la palabra, que quería descubrir ese nuevo mundo y adentrarse en él.
Si después de todo ese esfuerzo seguimos teniendo ganas de sentarnos al piano y tocar, entonces el tiempo no se ha perdido. Hemos estado construyendo algo que queremos que forme parte de nuestra vida y que puede ser una expresión de felicidad, si sabemos desde qué perspectiva medir el progreso.




Me gustaron mucho tus palabras Raquel, muy motivadoras y me siento muy identificado con ellas y en cuanto a tus preparativos para la acuarela definitiva... Hacemos lo mismo.
Saludos desde Chile.