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Soñaba con una pieza... ¿y ahora me aburre?

¿Quién no ha empezado a estudiar piano porque se enamoró de cierta pieza? Creo que casi todos podemos nombrar, tanto la que nos enganchó a la música clásica, como la que nos motivó a empezar nuestro instrumento. Las emociones en esos momentos son fuertes, nos parece escuchar música del cielo, y podemos motivarnos a seguir adelante durante años.


Pero, a veces, cuando llegamos a tocar esas obras, sentimos la motivación durante un corto tiempo y, luego, nos desinflamos. ¿Por qué ocurre esto?


  • Dificultad de estudio. Cuando escuchamos nuestras piezas favoritas interpretadas por los grandes, parece que sean fáciles. Es lo que ocurre en todas las disciplinas; los que han llegado a la cima dominan su ámbito y pareciera que no les cuesta ningún esfuerzo. Sin embargo, eso solo habla de su maestría. Las piezas con las que soñamos tienen dificultades y, tarde o temprano, llegaremos a alguna sección de la partitura que nos "dará guerra" y tocar la pieza ya no parecerá tan romántico. Que la pieza quede igualada, en una ejecución que suena bien tanto en secciones fáciles como en las difíciles, será todo un reto, y puede que perdamos la motivación. Esto se solucionará encontrando las herramientas adecuadas de estudio para solucionar esos retos y manteniéndonos firmes hasta tener la pieza a un nivel en que podamos interpretarla con la mayor libertad posible, para disfrutarla de nuevo.

  • Falta de retos. A veces también ocurre que nos motiva el reto pero, cuando tenemos ese nivel, ya no nos hace tanta ilusión porque el cerebro busca nuevos retos. Recuerdo cuánto me motivaba en mi segundo año de piano tocar el vals de la Op 69 N. 1, y al año siguiente el nocturno en do # m, y hoy día a mi familia les encanta escucharlos, pero yo no les encuentro tanta gracia ya, porque sigo pensando en retos muchísimos mayores. Una solución en la que pienso últimamente para este tema es, estudiar esas piezas al nivel de grabación, para subirlas en Youtube en algún momento del 2026 (si tengo tiempo, no prometo nada :)). Entonces sí se convierten en un reto, porque jamás las grabaría como están ahora, sin cuidar y viciadas de tocar de memoria desde hace muchos años. Tendría que sentarme, decidir cómo quiero interpretarlas, estudiar con el máximo detalle y memorizarlas del derecho y del revés. Se pueden encontrar retos en piezas de todos los niveles. Son retos de perfeccionamiento, de convertirse en un verdadero artista, y no de subir de nivel como en un videojuego, lo cual no tiene fin y puede ser desagradecido.

  • Los gustos cambian. Por otro lado, también es verdad que nuestros gustos cambian. Cuando decidí empezar a tocar el piano, mi sueño era tocar el estudio revolutionary y la balada 1 de Chopin. A la hora de la verdad, he acabado poniendo otras piezas por encima. Por ejemplo, actualmente me gusta más la sonata 1 de Prokofiev que la balada, o la Mazeppa de Liszt antes que el revolutionary.

    Cada vez me gusta más la música de Albéniz y Granados, la de Prokofiev y la de Shostakovich, y no doy tanta importancia a Chopin como hubiera pensado de adolescente. He llegado a la conclusión de que mi música favorita es la de principios del 1900, y de adolescente solo quería escuchar música romántica.

    Si los gustos cambian porque crecemos como músicos y porque afinamos nuestro oído, bienvenidos sean. Mejor adaptarse para seguir creciendo, que mantenerse en la zona de confort y estancarse.

  • Excesivo análisis. Cuando estudiamos música y nos formamos en teoría, armonía, contrapunto, análisis... podemos acabar intelectualizando demasiado. Para estudiar nuestras piezas las simplificamos y desmenuzamos, y luego nos cuesta volver a verlas como un todo y seguir la dirección que llevan. Para este caso, os comparto mi solución favorita a toda esta problemática en general: ¡vuelve a escucharte! Grábate, cierra los ojos cuando tocas y céntrate solo en el sonido que produces. Nos olvidamos de escucharnos y desconectamos de la expresión y del hecho que la finalidad de nuestros esfuerzos es cantar a través del piano, no interpretar como máquinas o grabar piezas en nuestro disco duro. Escucha aunque sea solo lo que ocurre si tocas un acorde. Cómo empieza el sonido, cómo termina. Qué color tiene. Escuchar nos vuelve a conectar con la realidad de la expresión de la música. Todo lo demás solo existe para ponerse a su servicio.


Sea cual sea tu caso, ese sabor amargo de no disfrutar de aquellas piezas que te encantaban puede cambiar si cambias tu enfoque. Tanto con las soluciones que doy arriba, como escuchando nueva música, nuevos compositores, y abriendo la mente. El amor a la música sigue, ¡pero cambia de forma!



 
 
 

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