Estudiar bien es tener autoestima.
Una cosa que he ido descubriendo con el tiempo y con la que, honestamente, todavía trabajo, es la relación que existe entre estudiar bien y tener autoestima.
Hay muchos motivos por los que podemos decidir no estudiar. Algunos son perfectamente legítimos y, por supuesto, hay que descartarlos: que no tengamos tiempo, que tengamos muchísimos compromisos, que estemos cansados, que tengamos obligaciones familiares, etcétera.
Pero cuando realmente sí podríamos sacar un rato, ¿cómo sabemos si esa voz que nos dice que nos pongamos cómodos en el sofá porque nos lo merecemos tiene razón o si, en realidad, está intentando mantenernos en nuestra zona de confort?
Tal vez tenga buenos argumentos. Vivimos en un mundo en el que el nivel pianístico está por las nubes. Hay millones de pianistas y, como solemos decir en broma, ¡siempre hay algún prodigio que toca mejor que tú! Y a eso se aplica cualquier disciplina, porque las redes están llenas de “los mejores en todo”.
Creo que, muchas veces, cuando no tenemos suficiente confianza en nosotros mismos, lo que estamos pensando inconscientemente es: «No vale la pena».
Y ese «no vale la pena» puede tener muchas formas:
No vale la pena porque nunca vas a llegar a nada.
No vale la pena porque no te vas a dedicar profesionalmente a esto.
No vale la pena porque existe Yuja Wang.
No vale la pena porque siempre habrá alguien que toque mejor que tú.
Pero hay una pregunta mucho más importante: ¿tocar el piano te hace feliz?
Si tocar el piano es algo que te gusta, que te ilusiona y que forma parte de la persona que quieres ser, ¿por qué no ibas a hacer el esfuerzo suficiente para conseguirlo?
No digo que sea fácil. De hecho, creo que salir de nuestra zona de confort, sea cual sea, es una lucha para todos. Pero la vida también es crecimiento, y muchas veces crecer implica salir de ese espacio en el que estamos cómodos.
Al principio tocamos el piano para ser felices, pero también podemos ser mucho más felices cuando conseguimos tocar bien las piezas que nos gustan, cuando podemos compartir nuestra música con los demás, cuando grabamos un vídeo para alguien, cuando tocamos para nuestra familia o cuando conseguimos preparar esas obras con las que llevamos tanto tiempo soñando. Y, por supuesto, si alguno quiere entrar en el conservatorio o plantearse otros objetivos más ambiciosos, también.
Por eso, esa voz que nos dice «no lo conseguirás», «no podrás», «déjalo estar», no siempre es una voz que nos esté protegiendo o cuidando. A veces es simplemente una voz que nos está diciendo que no merece la pena invertir en nosotros mismos.
Y ahí está el punto: ¿por qué no iba a merecer la pena?
Este tema se puede aplicar a prácticamente cualquier ámbito de la vida, no solamente al piano.
Cuando una persona se valora, suele estar más dispuesta a invertir tiempo, energía y esfuerzo en sus proyectos, sus aficiones, su entorno y también en crear una vida en la que se encuentre bien.
Por supuesto, descansar es necesario y aprender a respetar nuestros límites también es autoestima. La cuestión es saber cuándo necesitamos descansar de verdad y cuándo estamos utilizando la comodidad para evitar hacer algo que, en el fondo, nos haría felices.
Dicho de otra manera, nuestra tolerancia al esfuerzo nos puede mostrar nuestro nivel de autoestima.
Y esa es la moraleja que os dejo hoy: estudiar bien también es una forma de quererse.




Comentarios