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El regalo de seguir aprendiendo

hace 3 días
2 min de lectura

El piano es un instrumento tan vasto y complejo, con tanto repertorio escrito para él, que siempre se puede profundizar más en su técnica y su interpretación. Si cada uno de sus aspectos se trabajan para cada época y compositor, tenéis trabajo para varias vidas. No es por descorazonar; de hecho, si amáis el piano, estos hechos se pueden ver con ilusión: esta es una actividad artística infinita, que nunca os dejará desocupados.


El estudio del piano se desarrolla por capas


Nuestro desarrollo siempre será, cómo no, de nivel en nivel. Las velocidades de atravesarlos pueden diferir, pero el avance no es a saltos que pasen por alto algunas etapas, sino por integración.

 

Lo que ocurre es, que cuando llegamos a la cima de una montaña, vemos que había otra detrás. Si el camino se toma con curiosidad, veremos esas sorpresas con ilusión al encontrar algo nuevo que aprender y desbloquear.

 

Como ejemplo, tenéis un acorde. Al principio la dificultad estriba en leerlo. Luego, en tocarlo. Después, en atacar las teclas a tiempo aunque la otra mano esté tocando. Más adelante, tal vez nos damos cuenta de que deberíamos tocarlo con más peso, o menos, con ayuda del brazo, etc. Luego aprenderemos que hay que cuidar las voces dentro del acorde, que no todas las notas deben sonar igual como un bloque. Y si vamos aún más allá, en una sucesión de acordes analizaremos cuales necesitan expresar más tensión y cuales podemos tocar más piano.


Una caja de regalos sorpresa


El estudio del piano en general es como la evolución de tocar un acorde. Cada tema se desarrolla de la misma manera. Primero pensamos que nunca podremos poner el pedal, pero cuando ya sabemos coordinarlo, resulta que lo ponemos mal. Luego aprendemos que el pedal no siempre se presiona hasta el fondo... y así sucesivamente.

 

¿Y si tomamos cada uno de esos pasos como una caja de sorpresas que contiene un regalo? En lugar de aceptar pensamientos como «toco peor de lo que debería» o «ostras, si casi no sé nada», podemos pensar: «¡qué bien, otra sorpresa!», «¡un recurso más para tocar mejor!».


Porque realmente cada vez somos mejores pianistas, y creo que el piano se disfruta más mientras se avanza, ya que se convierte en un camino que alimenta nuestra sed de saber y nuestra curiosidad. Si estamos estancados, es fácil acabar insatisfechos; siempre habrá alguna otra pieza que queremos llegar a tocar. Y si tomamos el avance como una manera de corregir nuestra insuficiencia tocando, el camino es desagradable y no nos permitimos sentir alegrías. (Alerta de spoiler: la insuficiencia es un pozo sin fondo)


Aprender con entusiasmo

 

Para mi, la solución es aprender con entusiasmo y mantener una curiosidad infantil. Como si acabáramos de llegar a este mundo y nos pareciera muy divertido ese instrumento llamado piano, y quisiéramos saberlo todo sobre él. La curiosidad está limpia de juicios y evaluaciones; solo nos lleva a sorprendernos.


Y quizá esa sea una de las cosas más bonitas de aprender a tocar el piano: que nunca terminamos de aprenderlo. Siempre hay algo detrás de la montaña. No se trata de buscar una meta final, sino de seguir buscando cajas de regalos sorpresa.



 
 
 

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Raquel García - Piano Clásico en Casa
Barcelona, Cataluña
pianoclasicoencasa@gmail.com

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